Capos muertos y derechos humanos

CDHDF defendiendo a criminales - otra vez
Murió como vivió

Murió tal como vivió: como animal

Oh gran sorpresa llegar de unas mini-vacaciones y encontrarme con la noticia de que nada menos que el mismísimo Beltrán Leyva fue acribillado en un enfrentamiento con la Marina. Vaya, si bien sigo bastante escéptico sobre la efectividad de largo plazo de las fuerzas armadas para ganar la “guerra” contra el narcotráfico (lo siento FeCal, pero esa guerra se gana cumpliendo tu mayor promesa fallida: empleos), no puedo mas que saborear un poco esta pequeña victoria del bien contra el mal. Bueno, más bien del menos mal contra el más mal.

Tampoco puedo negar un cierto placer morboso de ver las ya notorias fotos del cuerpo del capo caído: ensangrentado, desnudo y cubierto de billetes. ¿Mal gusto? Sí, pero justicia poética para alguien que vive asesinando y torturando a tantos de la misma manera. Es más, no puedo encontrar una muerte más gratificante para la sociedad que vive a la merced del narco. Pero para la prensa española, fue humillante. Y peor tantito, para el CDHDF constituyó una violación a los derechos humanos, “concretamente al derecho de la vida”.

¿Perdón?

A ver si entiendo bien esto: es una violación a los derechos humanos matar al jefe de una organización delictiva en el transcurso de un operativo en el que dicha persona le dispara a la autoridad. Qué espera el iluminado Sr. Placencia, ¿qué le pregunten a Beltrán Leyva si se quiere rendir pacíficamente? No sé en qué mundo de fantasía vive nuestro ombudsmán capitalino pero está en un nivel de delusión incomprensible dadas las circumstancias. Es combate al crimen organizado, no parar un pleito de niños de kinder. Es gente con más armamento que la mayoría de las fuerzas policiacas del país, sin escrupulos ni remordimiento para matar en sangre fría (previa tortura) a sus rivales. ¿Qué derechos humanos hay para gente que no tiene una pizca de humanidad que les sobre?

Son momentos como estos en que agradezco que hayan matado a Beltrán Leyva en vez de capturarlo. Vivo seguiría siendo una amenaza de alguna manera u otra. Entregar a un capo a las manos de la “justicia” (hago énfasis en el sarcasmo de las comillas) mexicana es casi igual que dejarlo libre. Es más, si fuera por mí ordenaría que cada que enfrente la policía, el ejército o la marina con sicarios, que los fusilen allí mismo – nos ahorran la molestia de tener que capturalros una y otra vez más cosa que solo sirve para vaciar el cofre de nuestros impuestos. Que hagan lo mismo cuando capturan a los secuestradores in fraganti. ¿Quién los va a extrañar? Nadie, fuera de sus delincuentes familias que nunca los delataron. ¿Quién se va a dar cuenta? Nadie, total, que digan que dispararon primero (lo cual seguramente fue el caso).

Sí, ya sé, esto no es digno en un país donde se deben respetar las instituciones y los procedimientos judiciales. No debemos caer en el abismo de la justicia por cuenta propia y la violencia desmedida. Pero si piensan esto, están igual de deludidos que el Sr. Placencia: en México no hay instituciones y no hay justicia. Somos un país donde la violencia se responde con violencia o queda impune. Desde hace años ya cruzamos el umbral que separa la civilización de la barbarie y no hay salida fácil.

2Pac lo dijo mejor que nadie: Live by the gun, die by the gun.

10 thoughts on “Capos muertos y derechos humanos

  1. Para mi, la imagen del cuerpo ensangrentado de este hijo de puta cubierto de billetes tiene un mensaje que muchos parecen pasar por alto: ni todo el dinero del mundo (y este señor lo tenía) te compra la vida. Es un mensaje efectivo.

    Siempre he estado en contra de la idealización del narcotráfico, de los narcocorridos, de los jóvenes que se sienten maleantes y son unos meros ladroncillos de cuarta, de creer que el narcotráfico es el futuro de éste país y demás posturas aberrantes. También siempre he estado en contra de la militarización de Calderón y de la idea de que las balas suplen el intelecto, pero caray, ver algo así hasta es gratificante. Que ahora sus miles de millones de dólares, sus contactos con el gobierno, sus adoradores, sus defensores y sus trabajadores lo revivan.

    Y que el ombusdmán se calle y empiece a hacer el trabajo que nadie le pidió que hiciera: mediar entre pueblo y gobierno, no entre CNDH y gobierno para darle atole con el dedo al pueblo.

  2. Totalmente de acuerdo aunque no estoy enteramente en contra de la militarización: creo que es necesaria pero no es la solución. La única solución a largo plazo es tener una economía capaz de crear trabajo digno para los más necesitados y políticas sociales efectivas que combatan a la pobreza y desigualdad…

    … nada de lo cual tenemos con FeCal. :P

  3. Una cosa es que esté en contra pena de muerte y otra cosa es que esté totalmente a favor de que lo hayan matado en un operativo donde no estamos hablando de agarrar detenidos, sino de una batalla donde se arriesga la vida.

    Curiosa la imagen del muertito. ¿A quien se le habrá ocurrido poner dichos billetitos?. Parece un stripper acribillado.

  4. Lo que dice Humbert es lo mismo que pensé, que fin tiene el mostrar esa imagen? eso es lo que importa; es un mensaje muy poderoso y que bueno que lo hicieron porque si cayo el Jefe de jefes los otros han de estar cagándose.

  5. Ahora resulta que los violadores de derechos humanos tienen derechos humanos?, se debería de tener un marco metodológico más estricto para definir quien puede hacerse acreedor derechos humanos y quien no, porque hasta donde yo se el tener algún tipo de derecho también te confiere algún tipo de responsabilidad; responsabilidad que este personaje y sus pistoleros no cumplían, y luego rematan diciendo que el otro tipo tenía señales de golpes, pues que esperaban fue un arresto muy violento, que no mamen

  6. Muy probablemente me van a llover mentadas, pero en mi caso yo apoyaría a los narcos si solo se dedicaran a la droga y a matarse entre ellos, pero al vincularse en el secuestro, extorsión y otro tipo de crímenes hace que sean repudiados…..yo creo.

  7. “en México no hay instituciones y no hay justicia. Somos un país donde la violencia se responde con violencia o queda impune. ”

    Y es asi como el buen MZ se vuelve defensor de la politica de la derecha panista. Penoso verlo aplaudir unos vandalos cuya unica diferencia con los narcos es que tienen uniformes y los comanda un presidente debil.

    Y es de esta manera como la derecha intelectual aplaude feliz como se desmantelan las pocas instituciones que nos quedan. ¿Que seguira despues? ¿Imponer el fecalato y la dictadura en aras de la “seguridad”? Gibbons le pondria nombre a esto: decadencia.

    Por cierto, la ley del talion no sirvio de nada. Los unicos que pagaron fueron los familiares del marino muerto. Podriamos cuestionar porque el ejercito no fue puesto en acción (Esta infiltrado desde hace tiempo) o las policias (infiltradas tambien). Pero no. Es mas facil aplaudir sin cuestionar una estrategia que de antemano esta fallida.

    Que decepcion. U otro post gana comments XD

  8. Ay don Recuerdos, trolleando como siempre y “cherry-picking” la evidencia para llegar una y otra vez a la conclusión de que soy un sucio derechista panista pro-yanqui capitalista.

    Porque evidentemente olivdó leer esta parte:

    Vaya, si bien sigo bastante escéptico sobre la efectividad de largo plazo de las fuerzas armadas para ganar la “guerra” contra el narcotráfico (lo siento FeCal, pero esa guerra se gana cumpliendo tu mayor promesa fallida: empleos),

    Me cae que si llegara yo a asesinar a FeCal, don Recuerdos diría que mi intención ulterior sería convertirlo en martir y así darle victoria electoral al PAN (el pos-fecalato?)

  9. Chequen esta columna de Raymundo Riva Palacio en http://www.ejecentral.com.mx

    Asesinato en Cuernavaca
    December 21, 2009
    — 12:00 am
    En toda guerra hay una ética. Aún en aquella contra la delincuencia organizada, los valores que los criminales no respetan, deben ser salvaguardados por la autoridad. De otra manera sucede que, como en la manipulación de las imágenes difundidas por los medios del cuerpo del criminal Arturo Beltrán Leyva, las acciones que generaron el aplauso generalizado y acrítico de la sociedad, se convierta en un escándalo que por lo grotesco y brutal de la forma como las presentaron, también obliga a reflexionar sobre otro tema no menos importante: el cuadro de ilegalidad en el cual se dio la cacería y asesinato del jefe más violento del narcotráfico en México.

    En una sociedad tan inmadura en la cultura de la legalidad, plantear en términos éticos y legales la acción de los comandos de la Marina que concluyeron en el asesinato de Beltrán Leyva, siempre es jugar a perder. Lo que opinan personas de todo tipo de educación y niveles socioeconómicos es que si un criminal es asesinado, no importa el método o las formas como se hizo, mucho menos si las acciones que llevaron a ello se enmarcaron dentro del Estado de Derecho. Lo que prevalece es el plazo inmediato (que se elimine al criminal), y no el largo plazo (¿qué impide que los abusos no se puedan repetir con personas inocentes y la guerra sucia se institucionalice?).

    Hay quienes festejan hoy la muerte de Beltrán Leyva que también se horrorizan cuando la autoridad destruye vidas y prestigios para terminar disculpándose cuando cometen un error. Pero el procedimiento es el mismo. Lo diferente fue que la prominencia de Beltrán Leyva hizo que se olvidara que cuando se abre la puerta de la ilegalidad, de falta de escrúpulos y se le festeja, no sólo se atrapa a delincuentes, sino de inocentes.

    El episodio de Beltrán Leyva tiene varias aristas. La primera es sobre su asesinato, que en castellano puro, eso es lo que fue. El presidente Felipe Calderón encargó a la Marina la búsqueda de Beltrán Leyva, culpable de acelerar la descomposición en la seguridad del país y elevar los niveles de violencia. Unidades de élite lo rastrearon, lo persiguieron, irrumpieron en casas donde presumían que estaba y atacaron un complejo residencial en Cuernavaca con más de 200 hombres, sin tener un ministerio público federal al lado, ni órdenes de cateó o de aprehensión.

    Este detalle puede parecer absurdo para muchos, pero no lo es. La manera como actuaron los marinos se inscribe dentro de un estado de excepción, pero el Presidente no ha utilizado los recursos constitucionales a su alcance para decretarlo. Desde el punto de vista jurídico, su guerra es sucia. Pero en la práctica, no sólo es real, sino es nacional y se maneja meta constitucionalmente. Es decir, el Presidente puede utilizar a las Fuerzas Armadas en la guerra contra las drogas y mediante un estado de excepción, que tiene que lograr con el respaldo del Congreso, ordenarles que actúen con la discrecionalidad con la que se comportaron los marinos en Morelos.

    Lo que hicieron los marinos es lo que está haciendo el Ejército en otras partes, pero los marinos son hoy unos héroes nacionales mientras que los soldados son violadores a los derechos humanos. La única diferencia de fondo es que los marinos acabaron con un muy importante jefe de cártel de drogas, mientras que los soldados han liquidado a personas sin fama alguna. En la realidad jurídica, ambos se mueven sobre el mismo pantano, que es la falta de un marco jurídico que les permita realizar acciones meta constitucionales sin que esas acciones se conviertan en el futuro en prueba irrefutable de violación a la ley. Los marinos y los soldados deben tener presente el enjuiciamiento histórico y político por los años de la Guerra Sucia, donde combatieron a la guerrilla en las mismas condiciones: sin marco legal para hacerlo, y con la premisa de estar defendiendo al Estado.

    Otra arista tiene que ver con las imágenes del cuerpo inerte de Beltrán Leyva con los pantalones bajados a las rodillas, y su cuerpo tapizado con billetes manchados con sangre. Bajar los pantalones puede interpretarse como una humillación de un militar a quien no es militar; los billetes regados sobre el cuerpo, como una señal de escarmiento. La discusión sobre quién fue responsable, si los marinos o los agentes del Semefo local, no es lo central. Si los marinos no fueron directamente responsables de uno o de los dos casos, sí lo son por omisión. En todo caso, el resultado no difiere en nada de las narcomantas o de los mensajes que dejan los narcos sobre los cuerpos de sus ejecutados. Es decir, la patología mostrada por quienes manipularon la escena del crimen, es la misma de los sicarios: demostrar fuerza y provocar terror.

    Esta arista se conecta con el discurso contra la apología del delito, que ha generado censuras en materia de libertad de expresión. Si los marinos actuaron como justicieros ante la ausencia del marco legal, la difusión de esas imágenes ¿no hace también apología de un delito aunque sea por razones que se presumen buenas? ¿Por qué permitieron la entrada a medios a grabar escenas de crimen no terminadas de revisar, o se entregaron grabaciones oficiales a la prensa? Cuando el gobierno difunde sus imágenes propagandística es información; cuando los medios difunden imágenes no oficiales, es apología del delito. Es el doble rasero ético, que pasa tan desapercibido como los spots del gobierno federal donde difunden imágenes de narcotraficantes con los cerros de dinero, de sus automóviles de lujo y de las legiones de hermosas mujeres a su alrededor. ¿Cuál es la diferencia entre los corridos de narcos y esta invitación a una vida mejor para quienes no tienen una?

    Todo está revuelto en este México que vive una guerra civil pero con leyes de nación en paz. Esta disonancia legal genera problemas innecesarios y facturas que se tendrán que pagar, tarde o temprano. No es un asunto de detener la guerra. Ya la iniciaron y ahora tiene que terminarla el gobierno. Es una guerra ética, en la cual todo el país puede y debe sumarse a ella. Pero se requiere que le den el marco legal, pues de otra manera se podrá aplicar sin cortapisas el punto de vista tolstoniano de que toda guerra es un crimen y quienes volverán a pagar serán las Fuerzas Armadas.

    rrivapalacio@ejecentral.com.mx

    http://www.twitter.com/rivapa

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