Crónica de una muerte anunciada

Se vale soñar

Como ya es ritual cada cuatro años, México ha sido eliminado de la copa del mundo en octavos de final. El verdugo: Argentina de nuevo, como lo fue en el 2006 y como lo ha sido en más de una Copa América. Admito ser uno de los pocos que no se dejó llevar por la ilusión de que teníamos la más mínima esperanza de ganarle a los argentinos. De hecho, para mi ese partido estuvo completamente carente de pasión. Como un paciente con enfermedad terminal, me senté a ver nuestra inevitable derrota con la única duda en mi mente siendo por cuántos goles íbamos a perder (confieso que más nervioso estuve en el partido de Alemania vs. Inglaterra, pero la magnífica muestra de efectividad teutona fue sin duda un regalo divino – ya sería mucho pedir otro milagro).

Se decía que llevábamos la mejor selección en años. Que teníamos casta para llegar no solo a cuartos – nuestro rehusado objetivo – sino tal vez hasta la semifinal. Quién quite y hasta la mismísima final. Y ciertamente la selección jugaba un fútbol vistoso, arriesgado y ofensivo. Jogo bonito, al estilo mariachi. Después de esa histórica victoria ante Francia, tal parecía que finalmente esos cantos de “sí se puede” tendrían alguna resonancia más que meramente emocional. Pero no. El resto fue un rudo despertar al hecho que seguimos y seguiremos siendo un peso ligero en el fútbol mundial ya ni siquiera a la talla de un equipo medio de Sudamérica (o sea, Uruguay). De pronto, la realidad de tener que jugar contra Argentina sofocó cualquier esperanza de llegar a cuartos o incluso a la semifinal. Total, si hubiéramos clasificado primero, seguro venceríamos a Corea. Y Ghana qué nos hubiera durado. Pero confiados y mediocres, perdimos el partido crucial contra Uruguay y el resto fue la crónica de una muerte anunciada. Al matadero para ser carnada de gaucho al igual que hace cuatro años.

Siendo el eterno cínico, me causa suma gracia ver el patriotismo barato que el Mexicano muestra durante cada mundial, sabiendo que no nos espera otra cosa más que una derrota humillante eventual. “¡Sí se puede!” gritan los paisanos, sabiendo que no, no se puede. Pero traidor el que no crea en el Tri. Pesimista el que no piense que vivimos en un universo paralelo en que ganarle a Argentina después de perder contra Uruguay es remotamente factible. Tal parece una cacería de brujas digna de la inquisición, filtrar a todo aquello que tenga la osadía de ser realista y no llevarse por la marea de idiotez colectiva que es “creer” en México durante el mundial. No, no creo en México por la misma razón que no creo en dios, ni creo en los reyes magos ni en los monstruos voladores de espagueti: hasta no ver, no creer. Y lo único que veo, es una larga y triste trayectoria futbolística, llena de pena y lejos de cualquier gloria. ¿No me creen?

  • Nos tomó 28 años obtener nuestro primer punto en un mundial. 32 años para nuestro primer triunfo. 40 años para nuestro segundo. 64 años para pasar a la segunda ronda fuera de nuestro territorio. 80 años y seguimos sin ganar un partido de la segunda ronda fuera de México.
  • Somos el equipo con más derrotas en la historia de los mundiales y la peor diferencia de goles también (y solo Alemania tiene más goles en contra pero eso porque han jugado casi el doble de partidos que nosotros).
  • En vez de mejorar, vamos empeorando. En 1998 y 2002 clasificamos sin perder en la primera ronda y en 1994 clasificamos de primeros en el llamado grupo de la muerte. Pero nuestro record en los últimos dos mundiales son apenas dos victorias (Irán y Francia revolucionaria), dos empates (Angola y Sudáfrica por amor de dios) y cuatro derrotas (Argentina dos veces, Portugal y Uruguay).

De pronto con ese récord histórico el “sí se puede” suena un poco vacío…

En fin, después de la euforia viene la cruda. El eterno lamento de que no hay amor por la camiseta, que fue culpa del técnico, que no supieron manejar la presión, etc. Pero lo que más me da risa es cuando se toma la pobre actuación de la selección como reflejo de la mediocridad nacional. Mira que tampoco la pongo en duda pero la última vez que miré, Argentina era un país igualmente subdesarrollado con un gobierno aún más inepto que el nuestro y una sociedad más corrupta también. Brasil no queda muy por delante tampoco. Y qué decir de Italia, no me digan que la Italia de Berlusconi es un estandarte de profesionalismo. Cabe mencionar que es – por mucho – el país más corrupto de Europa (más corrupto incluso que algunos países latinos). Pero ganan mundiales. ¿Mentalidad ganadora? No es el país, es la camiseta la que pesa. La historia, la tradición con el deporte es lo que cuenta así que ahorrémonos las explicaciones de mentalidad perdedora y enfoquémosla a lo que importa: porqué el país sigue en la mierda y no porqué 11 cabrones no pueden meter un gol. Y al igual que la culpa de la derrota no la tiene solo el entrenador, la culpa de la mediocridad nacional no la tiene solo el gobierno. La tenemos todos, empezando justamente por todos los patriotas patito que creen que ser buen Mexicano es solo cantar rancheras y echarse un tequila.

Con esta nota termino esta larga epifanía. De aquí mis porras irán para nuestro vencedor, Argentina, que merece levantar la copa otra vez. O qué, ¿acaso creen que 4 mundiales seguidos sin pasar de cuartos es menos doloroso para nuestros hermanos gauchos?