Gilipollas, España campeón

El Mundial que nadie mereció ganar

No me uno a la celebración

A diferencia del 67% de los Mexicanos, fui parte de la minoría que este domingo le echó porras a la Naranja Mecánica.

No tengo ninguna lealtad personal por Holanda. Prefiero mil veces una rica paella que papas fritas con mayonesa. No entiendo ni jota del holandés, y encuentro una extraña fascinación por su fetiche por las vocales. Y aunque siempre he tenido una afinidad por la Naranja, admito plenamente que su fútbol no me convenció esta vez. Eficiente, sí. Disciplinado, también. Pero muy poco vistozo, muy lejos del “Fútbol Total” que los hizo leyenda en los años setenta, e incluso lejos de ser tan vibrante como aquellas selecciones lideradas por Van Basten, Gullit o Bergkamp. Reivindicarse

O gran decepción.

Admito que España que el mejor equipo en la cancha. Admito que hombre por hombre, son la mejor selección del mundo, una que difícilmente le pueden encontrar una falla salvo que al gran Puyol ya las piernas lo de rinden como antes. Y admito que al menos en sus últimos dos partidos, dieron muestras de su verdadera genialidad. Pero si bien Holanda no era merecedora de esta copa del mundo, me disculpan pero España tampoco. Empecemos por el dato más infame: el hecho de que Suiza les ganó en la primera ronda. Siempre he pensado que perder un partido en el mundial es imperdonable para un eventual campeón. Antes de ayer, solo un país había ganado un mundial después de perder un juego: Alemania – dos veces. La primera fue en 1954, pero se las perdono por la única razón de que el equipo con el que perdieron (Hungría) fue su eventual rival en la final. La segunda fue en 1974 donde perdieron contra sus hermanos comunistas del Este (a estas alturas de la historia es fácil olvidar que hace no mucho tiempo había dos Alemanias, una de las cuales continuamente alcanzaba la gloria mundialista, la otra la gloria olímpica). Esa no se las perdono, e irónicamente, el rival en la final fue Holanda. Holanda mereció ganar ese mundial.

Veamos la segunda razón: la ausencia de goles. En 7 partidos, España metió solo 8 goles, un promedio de 1.1 por partido. Ningún campeón del mundo ha ganado un mundial con tan pocos goles – incluso en el antaño cuando se jugaban menos partidos. De hecho, ningún campeón se ha coronado con menos de 10 goles. Solo una victoria de España fue por un margen de más de un gol – nada menos que contra Honduras. Igual de infame fue que las cuatro victorias de España después de la primera ronda fueron por idéntico marcador, 1-0. La mínima. Es cierto que un 1-0 no es garantía de un mal juego – nadie va a negar que España jugó brillante contra Alemania y contra Holanda – pero los partidos contra Portugal y Paraguay fueron olvidables en todos los sentidos. Repito, Holanda – si bien marcó más goles – no lució con un futbol ni vistoso ni convincente. Pero quedo yo con el amargo sabor de boca de que la verdadera final fue ese partido de 3er lugar entre Alemania y Uruguay. Las dos selecciones fueron las únicas que pusieron el poco “jogo bonito” que hubo en este mundial, posiblemente el peor de todos, Corea/Japón 2002 incluido.

(Ghana también se vio muy bien a ratos e incluso Japón fue una grata sorpresa considerando que nadie daba un yen por ellos).

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Pero bueno, no puedo negar que el mejor equipo ganó el torneo. Lástima que en vez de ver una “Furia Roja” que debió haber arrollado a todo rival, tuvimos una que tambaleó como borracho durante cinco partidos hasta que finalmente puso el pie en el pedal. Ciertamente tenían la calidad para haber barrido con la oposición: ¿qué equipo se puede tener el lujo de tener a jugadores de la talla de Fabregas y Torres en la banca? Ya quisiéramos cualquier otro país tenerlos de titulares. Pero no fue así, quedaremos siempre con la duda de qué tan buena pudo ser esta selección española. Por otro lado, bien se puede decir que al menos tenían una gran defensa: solo 2 goles concedidos en 7 partidos, un record que los pone junto a Italia en el 2006 y Francia en el 1998 como las mejores defensas de toda la historia. Pero a diferencia de los Italianos, esta selección estaba construida para atacar y dominar el medio campo, no defender como hacen los Azzurri (y allí la razón por la que los detesto también, por aburridos). Y aquella Francia de 1998 demostró que una buena defensa no se logra a costa de un gran ataque: 14 goles anotaron los galos, una diferencia de +12. De hecho creo que Francia 98 fue el último mundial donde la final la disputaron las dos selecciones que más merecieron llegar allí. Más mérito tuvo España para llegar a la final del 2002 y la manera tan cruel e injusta en que fueron eliminados ha sido una de las grandes penas del arbitraje (entre tantas) de todos los tiempos.

En fin, ya ni entraré en detalle sobre porqué se me hace absurda la solidaridad mexicana con la “madre patria”. Solo diré que e me hace tan ilógica como si un judío le echara porras a los alemanes. Me queda claro que para la gran mayoría es el deseo innato de purgar su sangre de todo rastro indígena y sentirse europeo, el sueño de todo Mexicano acomplejado. Seguro son los mismos que traen un “ES” estampado en sus carros pero que ni siquiera saben donde está España en un mapa (ni siquiera han de saber leer un mapa, o tal vez incluso leer). Patético, digo yo, pero más patético es olvidar la historia y olvidar el hecho que ese país al que le dimos nuestro apoyo incondicional es el mismo que arrasó nuestras ciudades, tumbó pirámides para hacer iglesias, todo para imponernos una religión que nos sigue envenenando. Y de paso robarnos todo el oro que encontraron. Irónicamente, todo español detesta a los ingleses precisamente porque sus piratas se robaron ese oro en el camino de regreso. Y a diferencia de los ingleses – o los alemanes – los españoles parecen no tener mucha inclinación por enfrentar su turbio pasado, y aceptar el hecho de que su aventura colonial no fue otra cosa que un crimen contra la humanidad, uno que solo se escapa de ser genocidio porque el principal asesino fue un virus y no una espada o fusil (aunque también hubo de esto).

¿Pero para qué disculparse si nosotros evidentemente ya los perdonamos? Nos dieron la iglesia y la viruela y hoy nos dan Santander y Movistar. Y mejor ni digo cómo tratan a los sudamericanos que emigran a la madre patria. Hasta parece que en Arizona nos reciben con los brazos abiertos…

Pero así es la vida, y así es el fútbol. Injusto, cruel. Pocos mundiales me han dejado con tan amargo sabor de boca como éste, y solo espero que el “jogo bonito” haga un retorno triunfal en Brasil 2014. Y para mis queridos mexicanos, cuatro años tampoco es tanto para leer un libro de historia. Vaya que les hace falta.