Crónica de una crisis – Credit Crunched

De crisis subprime a crisis crediticia

Adiós al Sueño Americano

Si el génesis de la crisis actual fue el estallido de la burbuja inmobiliaria, entonces la crisis comenzó en Julio del 2006 cuando el precio promedio de las casas en los Estados Unidos cayó por primera vez en más de una década. El ritmo de construcción de viviendas nuevas ya también estaba de picada desde Enero. La causa directa de este desplome fue el creciente número de ejecuciones hipotecarias causadas por moratorias en el mercado subprime.

¿Qué causó ese incremento en moratorias? Desde varios años antes la Reserva Federal había elevado las tasas de interés para evitar un sobrecalentamiento de la economía. La mayoría de las hipotecas subprime se habían contratado bajo tasas ajustables en vez de tasas fijas lo cual incrementó los costos de las mensualidades. Además, una práctica muy común era atraer compradores prospectivos mediante tasas engañosamente bajas, pero que se dispararían en uno o dos años. La combinación de política monetaria restrictiva y el fin de estas tasas iniciales engañosas fueron devastadoras: un total de 1.2 millones de prestamistas perdieron sus casas al caer en moratoria. Los signos de “Sold”, ubicuos frente a millones de casas alrededor del país tan solo un año antes, poco a poco se iban reemplazando por signos de “Foreclosure”. El efecto fue particularmente notorio en los estados “asoleados” como California y Florida que experimentaban alta demanda para segundos hogares, pero también en los viejos bastiones industriales como Detroit y Cleveland donde la pobreza era alta y la promesa de una vivienda propia había sido difícil de resistir.

El desplome del mercado subprime fue brutal: entre Enero y Abril del 2007 el mercado quedó hecho escombros tras las bancarrotas de sus principales hipotecarios, notablemente New Century Financial (para fin de año más de 100 compañías hipotecarias desaparecieron). Los bancos que tenían operaciones directas en el mercado hipotecario también comenzaron a sufrir enormes pérdidas: HSBC reportó una pérdida de $11 mil millones en Marzo desde su división de préstamos para viviendas. Pero lo peor estaba aún por venir. En 22 de Junio, dos hedge funds administrados por Bear Stearns – uno de los cinco grandes bancos de inversiones estadunidenses – tuvieron que ser rescatados debido a pérdidas catastróficas relacionadas con CDOs contaminados con activos subprime. Para este entonces era claro que todo el sistema financiero estaba contaminado por estos “activos tóxicos”. El 9 de Agosto, poco más de un mes después, el banco francés BNP Paribas reportó un problema similar con varios de sus hedge funds y de plano los suspendió “debido a la completa evaporación de liquidez en ciertos segmentos del mercado de activos estructurados estadounidense”. Esos activos eran los MBS y CDO estructurados con hipotecas subprime.

En ese instante, los mercados crediticios mundiales se congelaron. Los bancos simplemente se dejaron de prestar.

Lo que ni los 'quants' habían anticipado

El problema no solo era la falta de liquidez, sino la falta de transparencia. A falta de un registro central de transacciones (por ejemplo, una bolsa), era imposible saber cuáles bancos estaban “sanos” y cuales estaban repletos de activos tóxicos. De igual manera, nadie se atrevía a hacer préstamos ya que nadie confiaba en el valor del colateral que su contraparte ofrecía cuando estos eran MBS o CDO. La caída de valor de estos activos no solo estaba relacionada al colapso subprime: los mismos mecanismos de mercado generaron ciclos viciosos al forzar que los bancos tuvieran que recapitalizarse para cubrir sus pérdidas. Esta recapitalización solo era posible mediante la venta de activos, lo cual deprimía sus precios aún más. A su vez, las leyes de contabilidad de los Estados Unidos forzaban a los bancos a valorar dichos activos de acuerdo a su valor de mercado, una práctica contable llamada mark-to-market. ¿Pero qué valor podrían tener si ya no había ningún mercado para ellos? Era como tener que vender un Ferrari cuando nadie lo quiere comprar: su precio de mercado es efectivamente cero.

Al día siguiente de que comenzó lo que los medios bautizarían como el “credit crunch”, varios bancos centrales incluyendo la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra hicieron su primera de muchas intervenciones para inyectar liquidez al sistema financiero. Pero eso no lograría que la banca saliera de su virtual estado de coma ya que a partir del tercer semestre del 2007 los bancos comenzaron a reportar pérdidas estratosféricas. Merril Lynch tuvo que recortar $8.4 mil millones en el valor de sus activos tóxicos en Octubre mientras que Citigroup terminó el año con una pérdida de $9.4 mil millones. Citigroup tuvo que rescatar a sus “entidades especiales” con $58 mil millones. Los problemas tampoco se limitaron a los Estados Unidos: había bancos europeos como HSBC, UBS e IKE Deutsche que estaban hasta el cuello con activos tóxicos (UBS tuvo como regalo navideño una pérdida de $10 mil millones en el cuarto trimestre). Un banco hipotecario inglés, Northern Rock, de plano sufrió una corrida en Septiembre – la primera en el Reino Unido en más de un siglo – y tuvo que ser nacionalizado por el gobierno. Mientras tanto, los bancos centrales seguían inyectando más y más dinero para mantener a flote al sistema financiero. Pero la turbulencia no se calmaba. Sería una simple cuestión de tiempo hasta que el primer gigante cayera.

Próximamente: El día que vivirá en la infamia

Posdata: En lo que es tal vez una de las anécdotas más escalofriantes de la crisis, analistas en cierto banco describieron la turbulencia financiera de Agosto del 2007 como “un evento de 25 desviaciones estándar”. Es decir, algo que solo podía suceder una vez cada diez mil años. Pero no solo eso, había sucedido ya varias veces en esa misma semana.

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