Crónica de una crisis – El gran casino

Living la vida loca en Wall Street y Londres

Moviendo mercados: un trading floor en plena acción

Se decía algún tiempo atrás que los banqueros trabajaban bajo la “regla 3-6-3”: recibir depósitos a 3%, prestar dinero a 6% y estar a las 3 de la tarde en el campo de golf. Era la buena vida.

Aunque algo burda la simplificación, ciertamente reflejaba la esencia de la función de un banco comercial. Pero había otro tipo de monstruo: los bancos de inversiones. En vez de dedicarse a recibir depósitos y otorgar crédito, los bancos de inversiones se dedicaban a cuestiones más sofisticadas, tal como financiar a empresas y administrar riqueza. Tal vez su rol más importante era el de suscribir (underwrite, como se le dice en inglés) valores, tal como acciones y bonos. Básicamente si una empresa quería cotizarse en la bolsa, o levantar capital un banco de inversiones se encargaba de emitir las acciones o bonos a su nombre para luego distribuirlas entre su extensa red de clientes. La empresa se aprovechaba de la credibilidad del banco que haría más fácil que encontrara compradores para sus valores mientras que el banco cobraba altas cuotas por estos servicios. Pero estos bancos también se dedicaban a comercializar dichos valores. Y no solo los valores que ellos mismos emitían, sino de todo: acciones, bonos, futuros, derivados, a tal grado que podían mover mercados enteros. Lo hacían no solo con su propio dinero sino con el dinero de sus clientes. La escala de estas operaciones hoy día desafía la lógica: arriba pueden ver el trading floor de UBS (banco suizo) en los Estados Unidos: más grande que un campo de fútbol, con más de mil corredores, vendedores y analistas, cada uno buscando sacarle ganancia a los mercados.

Previo a la Gran Depresión, muchos bancos se dedicaban tanto a la banca comercial como a la banca de inversiones, pero cuando el “casino” colapsaba, se hundía con todo y los depósitos de miles o hasta millones de personas que de haber sabido que su dinero iba a financiar las apuestas financieras del banco, jamás les hubieran confiado sus ahorros. En 1933, una controversial ley llamada el acto Glass-Steagall decidió eliminar este riesgo mediante la separación de las dos bancas en los Estados Unidos: un banco comercial ya no se le permitiría llevar a cabo las actividades de un banco de inversiones – y viceversa. Problema solucionado. En Europa no se hizo dicha distinción, debido a la larga tradición a favor de los bancos “universales” que combinaban ambas actividades aunque el riesgo era menor debido al menor tamaño y sofisticación de los mercados europeos.

Así pues, durante el siguiente medio siglo el sector bancario estadounidense se rigió bajo la ley Glass-Steagall pero el proceso de desregulación iniciado por Reagan comenzó a ejercer presión para que las reglas se relajaran o incluso se eliminaran por completo. A raíz de esto, la competencia entre los grandes bancos cada vez aumentaba, a tal grado que se convertiría en una auténtica carrera armamentista durante los años ochenta. Las cosas se intensificaron en los noventas cuando la ley finalmente fue revocada en 1999. De allí en adelante fue un festín sin precedentes. La competencia aumentó la demanda para banqueros y las ganancias multi-billonarios de un sistema financiero globalizado no se esperaron llegar a los bolsillos de los afortunados que trabajaban en este sector. Un buen comerciante de bonos podría llegar a ser millonario a los 30 o incluso antes. El retiro a los 40 tampoco era nada fuera de lo normal (incluso tal vez era deseable, considerando que los banqueros de inversiones a menudo trabajaban más de 100 horas a la semana). No había día más anticipado que el día que se anunciaban los aguinaldos, que para muchos ascendían a cifras de siete o hasta ocho dígitos. Tal era el exceso que el estilo de vida de un banquero de inversiones a ratos parecía más la de una estrella de rock que la de un hombre de negocios: table-dance y prostíbulos, cocaína, carros deportivos y vacaciones de lujo. Eran los amos del universo.

Recobrando su antigua gloria: Londres

La fiesta tampoco se limitaría a Wall Street. Londres tuvo un renacimiento gracias a su regulación aún más amena que hizo que muchos bancos estadounidenses (y europeos) condujeran sus operaciones riesgosas allí. Para mediados de la década incluso se decía que Londres había superado a Nueva York como el principal centro financiero del mundo. Ciertamente era más cosmopolita y tenía la ventaja de estar en el horario intermedio entre América y Asia. Más de la mitad de los “derivados exóticos” como los MBS (entre otros), se comercializaban en Londres, que además era el corazón mundial del mercado de divisas – algo crucial en esta era globalizada. Todos los grandes bancos de inversiones estadounidenses como Goldman Sachs, Merril Lynch y Lehman Brothers mantenían enormes sucursales en Londres. También estaban los antiguos bancos comerciales como JPMorgan Chase y Citigroup, liberados finalmente de las restricciones de la ley Glass-Steagall. Los bancos universales europeos como HSBC (Reino Unido), Deutsche Bank (Alemania), BNP Paribas (Francia) y UBS (Suiza) tampoco se iban a perder la fiesta. Y si bien los bancos de inversiones eran los tiranosaurios de sistema financiero mundial, no eran los únicos carnívoros: los hedge funds (como el infame LTCM) eran los pequños pero voraces raptores. Para el 2007 había más de diez mil, todos lucrando gracias a la bonanza generada por los fondos inagotables del mercado hipotecario estadounidense.

Tristemente, mucha de esta actividad no solo estaba ajena a la regulación financiera, sino a la luz pública también. Estos bonos hipotecarios y derivados exóticos no se comercializaban en bolsas, sino directamente entre los bancos mismos e incluso fuera de los registros contables de los bancos. Cero transparencia a esto que se le terminó llamando el “sistema financiero en la sombra”. Para el 2006, había más de $600 billones (trillones en inglés) en derivados moviéndose dentro del sistema financiero global – una cantidad diez veces mayor al PIB mundial. La banca en la sombra había opacado a la banca tradicional.

Proximamente: Lo inimaginable sucede

Posdata: Goldman Sachs, el más grande y tal vez más notorio de los bancos de inversiones, destinó el 47% de sus ganancias – $5 mil millones de dólares – en el primer trimestre del 2010 hacia aguinaldos y bonos salariales entre sus 35 mil empleados. Hagan la suma.

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