Crónica de una crisis – La economía subprime

Una nueva palabra entra al léxico financiero

Toda tuya aunque no tengas trabajo ni ingreso

La combinación de bajas tasas de interés y abundancia de dinero (o mejor dicho, liquidez) en la economía por sí sola es una receta para crear una burbuja inmobiliaria. Muchos economistas (incluyendo Alan Greenspan) constantemente negaban que las condiciones estuvieran propicias para que dicha burbuja se inflara fuera de control. Otros economistas más centrados en la realidad argumentaban lo contrario, y que de explotar la burbuja, la economía estadounidense caería de nuevo en recesión. Pero dentro de las turbias entrañas de la banca mundial, verdaderas armas de destrucción masiva se estaban creando más allá de la regulación gubernamental. Estas armas se basarían de nuevo en la securitización, llevando este proceso hacia nuevos niveles de sofisticación y rentabilidad. Finalmente, los banqueros lograron lo que la alquimia en miles de años nunca pudo: convertir la basura en oro.

Esa basura entraría pronto al diccionario de la infamia: subprime.

¿Qué era una hipoteca subprime? Como el nombre lo sugiere, es una hipoteca otorgada a gente de bajo nivel socioeconómico, o con problemas laborales, o básicamente cualquier persona que aparentaría ser un riesgo crediticio. Los prestamos subprime reflejarían ese riesgo mediante una tasa de interés más alta para así cubrir la eventualidad de préstamos morosos. Sin embargo, la abundancia de liquidez en el mercado aseguraría que incluso las tasas de interés para préstamos subprime fueran más atractivas que nunca. El gobierno de George Bush aprovechó estas condiciones alentadoras para fomentar explícitamente la compra de casas, particularmente para aquellos que siempre habían visto cerradas las puertas del mercado hipotecario.

Numerosos prestamistas hipotecarios comenzaron a dedicarse al lucrativo mercado subprime. Estaban respaldados por dos agencias cuasi-gubernamentales establecidas en la estela de la Gran Depresión para fomentar el mercado inmobiliario: Fannie Mae y Freddy Mac se les conocía coloquialmente, debido a la similitud fonética con sus iniciales. Fannie y Freddie se dedicaban a “securitizar” préstamos hipótecarios hechos por prestamistas privados y bancos para así darles el sello de aprobación del gobierno – efectivamente garantizándolos por el fisco. Estas hipotecas securitizadas se venderían como bonos y distribuidos dentro del sistema financiero. Pero mientras que en las épocas de Lewie Ranieri en Salomon Brothers, las hipotecas securitizadas eran hipotecas “buenas”, cada vez crecía más el mercado para las subprime. No obstante, seguían siendo basura y serían siendo calificadas como tal por las agencias calificadoras como Standard & Poor’s y Moody’s a menos de que hubiera una manera mágica y milagrosa de convertirlas en activos seguros.

Futuro hipotecario subprime

Aquí entra la alquimia. El método para convertir la basura subprime en oro sería mediante los ya mencionados Mortgage-Backed Securities (lean la segunda parte de esta serie). El truco sería que en vez de crear un mismo tipo de bono con el conjunto de hipotecas subprime, se crearían varias “rebanadas” con diferentes clasificaciones de riesgo. Cualquier pérdida por morosidad que sufrirían las hipotecas se filtraría hacia las rebanadas bajas, las de alto riesgo. Cuando estas se agotaran, las pérdidas se filtrarían a las rebanadas medias, o “mezzanine”. En el caso extremo de seguir con pérdidas, estas llegarían a la rebanada mayor, la más segura. Los rendimientos de cada rebanada serían proporcionales al riesgo: las rebanadas inferiores rendirían mucho pero tendrían calificaciones bajas, ideales para inversionistas amantes al riesgo como los hedge funds. Pero las rebanadas altas llevarían el codiciado “grado de inversión” y eso les abriría todas las puertas. Esta basura bonificada tenía ahora grado AAA, el mismo grado que un bono de tesorería de los Estados Unidos (considerado el instrumento financiero más seguro del mundo), ¡pero ofreciendo un rendimiento aún mayor!

Lo mejor de todo esto es que al crear los MBS y venderlos como cualquier otro bono, los bancos efectivamente se estaban librando de la hipoteca misma (y el riesgo asociado a que quedara en moratoria). Eso mismo haría posible que siguieran comprando más hipotecas para posteriormente convertirlas en MBS. En pocas palabras, el sistema financiero estaba reciclando su propia deuda, solo que con diferente empaque. El proceso típico era algo así: un prestamista subprime buscaba “victimas” a quienes ofrecían hipotecas a tasas imposibles de resistir. Estos prestamistas se asociaban con un banco grande (o con Fannie y Freddie) quien terminaba comprándoles dichas hipotecas para convertirlas en MBS. Vendían los MBS como bonos a sus clientes inversionistas, los de bajo grado para los hedge funds y los de alto grado para instituciones más conservadoras como fondos de pensión, gobiernos municipales o incluso otros bancos. Con tanto dinero circulando, las tasas de interés caían aún más, el apetito por el riesgo aumentaba y cada vez se codiciaban más las hipotecas subprime. Desesperados por seguir prestando, los prestamistas cada vez relajaban más sus estándares. ¿Empleo fijo? Qué importa. ¿Record criminal? Lo de menos. Llegó a un punto en que ni se molestaban en pedir comprobantes de sueldo. Incluso se popularizó el llamado préstamo “NINJA”: No Income, No Job, no Assets (sin ingresos, sin empleo, sin patrimonio). En el 2001, apenas 1 de cada 18 hipotecas era subprime. Para el 2006, era 1 de cada 5.

En medio de esta bonanza, los prestamistas subprime estaban haciendo su domingo. La mayoría de los bancos también entraron al negocio subprime directamente, creando filiales dedicadas a este mercado. Pero el dinero no estaba tanto en las hipotecas sino en comercializar los instrumentos financieros creados a partir de ellas. Este sería el dominio de los verdaderos reyes de Wall Street, los bancos de inversiones. Ahora se convertirían en los amos del universo.

Próximamente: El gran casino en acción

Posdata: un total de $3.2 billones (trillones en inglés) en MBS fueron emitidos en el 2003; casi el tamaño de la economía japonesa.

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