Bolsas de ilusiones

Tratando de entender la misteriosa fascinación bursátil que nos rodea

¿El significado del universo? Mmm, no

He decidido aprovechar el aniversario del “Lunes Negro” para ver Wall Street, un preludio antes de ver la secuela este fin de semana. Para los que no conocen del Lunes Negro, fue un tal 19 de Octubre de 1987 cuando Wall Street sufrió su peor caída en el lapso de un día en toda su historia. Perdió 22%, incluso más que la caída de 1929 que precipitó la Gran Depresión, y peor que cualquiera día del 2008 cuando la actual crisis estaba en su peor momento. Encuentro una fascinación peculiar por la bolsa de valores, no tanto porque me interese invertir en ella. Más bien, mi fascinación es ver la fascinación de otros hacia ella. De hecho, no hay ninguna otra institución financiera que esté más inculcada en la cultura popular que la bolsa, incluso en un país que no tiene ninguna tradición bursatil como es el caso de México. Pero leemos el periódico y aunque sea de reojo vemos si la bolsa aquí o la bolsa allá subió o bajó. Vemos las noticias y asumimos que lo que es bueno para la bolsa, es bueno para la economía y si es bueno para la economía es buena para todos. Una parte de nosotros quisiera sentir la euforia de estar vendiendo y comprando, a un paso de la riqueza ilimitada y a dos pasos del suicidio desde un piso cincuenta.

¿Por qué se le presta tanta importancia a la bolsa en los medios? Eso siempre me ha intrigado. Para empezar, la bolsa de valores no es el mercado más grande ni el más importante del mundo: ese honor se le confiere al mercado de bonos: aprox. $65 billones de dólares (más que el PIB mundial), contra $45 billones invertidas en todas las bolsas del mundo. Pero nunca vemos los precios de bonos en el noticiero ni en la primera plana de los diarios, a menos que lean el Wall Street Journal o el Financial Times. De hecho, el poder destructivo de una catástrofe bursátil ha sido tremendamente exagerado a través de los tiempos. Por ejemplo, aunque la gran caída de Wall Street en Octubre de 1929 se considera como el comienzo de la Gran Depresión, la recesión ya había empezado desde antes. Pero una crisis de bonos ha llevado a la ruina a infinitos países, incluyendo al nuestro. Nuestra crisis del 1982, la peor de nuestra historia, no fue causada porque la bolsa se cayó sino porque nos declaramos en moratoria y dejamos de pagar nuestra deuda. Esa deuda estaba denominada en bonos. De igual manera, la crisis actual fue creada por el colapso en el mercado de bonos hipotecarios – las bolsas no cayeron hasta que todo lo demás ya se había ido a la mierda.

Mientras tanto, en aquellas ocasiones donde la bolsa se ha desplomado estrepitosamente sin razón aparente – como pasó durante el dichoso Lunes Negro en Octubre de 1987 – pocas veces ha tenido un impacto catastrófico en la economía real. Al día siguiente termina siendo business as usual para casi todos, aunque ese “casi” obviamente excluye a los pobres diablos que perdieron hasta los calzones en cuestión de unas horas (qué puedo decir, nadie los forzó a meter su dinero al mercado). En fin, la caída de una bolsa no basta para hundir a una economía entera. ¿Entonces por qué tanto pánico? Repito: son los medios, la culpa la tienen los medios. Nos han hipnotizado con imágenes de banqueros abarrotando las calles de Wall Street durante 1929 como si hubiera ocurrido un terremoto. Les encanta mostrar imágenes o videos de corredores de bolsa posesionados por la histeria, vendiendo y comprando acciones con la euforia de un cocainómano que se acaba de tomar dos litros de Red Bull. Otra imagen repetida ad nauseum y que nunca dejará de causarme gracia es la típica foto de personas comunes y corrientes pasando por enfrente de algún mostrador electrónico, como para implicar que el destino de nosotros los mortales está ligado de manera intrínseca al éxito de la bolsa. Por alguna razón, generalmente ponen a asiáticos, como para darnos la idea de que vivimos en un mundo globalizado y si se desploma la bolsa de Taiwán, eventualmente el tsunami nos llegará a nosotros también. Eso o porque no hay mostradores electrónicos en una aldea de Zimbabwe o en la Sierra Tarahumara.

Solo quiere saber qué hizo la esposa para la cena

Nótese también que los tres desplomes más importantes del siglo en Wall Street han sido en Octubre. Otra crisis bursátil legendaria, el “Pánico de 1907” también fue en Octubre. ¿Coincidencia, o hay algo en este mes en particular que pone particularmente nerviosos a los inversionistas? Podría ser Halloween. Podría ser que los inversionistas se deprimen porque el verano terminó y el invierno está por comenzar. Sea cual sea la razón, de no ser coincidencia entonces hay algo gravemente mal en la manera en que se valora al mercado e implicaría que no es perfecto. ¡Blasfemia! Los economistas tenemos una teoría para esta infalibilidad del mercado: se llama la Hipótesis del Mercado Eficiente. Inventado por un tal Eugene Fama (sip, de la Universidad de Chicago, ¿de dónde más?) en los años sesenta, la hipótesis asume que en un mercado representa perfectamente toda la información pública disponible. Así pues, no es posible consistentemente “vencer” al mercado a largo plazo porque cualquier desviación inmediatamente sería identificada y corregida.

Por ejemplo, el precio de una acción de Microsoft cuesta $100 cuando el valor de la compañía implicaría que debería ser $110 porque acaban de sacar una versión de Windows invulnerable a los virus (se vale soñar). Los inversionistas se darán cuenta del “error” y comprarán esta acción mientras está barata, es decir, antes de que suba de precio. Al haber más demanda por estas acciones entonces efectivamente subirían de precio – a $110. Pero si llegaran a subir a $115 debido a que se emocionaron un poco demasiado por este avance tecnológico, entonces eventualmente se darían cuenta que la acción se ha vuelto muy cara y anticipando que el precio va a bajar, la venderían lo más pronto posible (porque la gente no valora una acción en base a lo que cree que vale, sino a lo que cree que otros creen que vale). Esto reduciría su demanda y el precio bajaría. A $110.

Tan simple. Tan elegante.

Tan equivocada. Cualquiera con sentido común se habrá dado cuenta que no hay nada perfecto ni nada racional en los mercados. Los genios financieros de Wall Street, con todo y sus doctorados en astrofísica y sus terminales Bloomberg con 6 pantallas funcionan no tanto como una fría y lógica maquina estadística sino como una manada de ovejas que se echan a correr cuando ven al lobo feroz. El famoso economista John Maynard Keynes bautizó al fenómeno como “los espíritus animales”. Olfatean las ganancias y compran, compran, compran. Huelen temor y venden, venden, venden. Cuando la euforia se vuelve colectiva, los mercados se convierten en burbujas, y cuando estas burbujas estallan el resultado es feo. En fin, es un casino. Pero nos encanta porque en el fondo queremos creerle al inmortal Gordon Gekko cuando nos dice que “la avaricia es buena”. ¿Nos importa Microsoft? Por supuesto que no. Solo queremos vender esa acción a $115 antes de que el prójimo venda la suya a un dólar menos. Queremos el dinero fácil. Queremos un número diario que nos revele nuestra fortuna (temo admitir que la astrología a veces es más acertada). O qué, ¿acaso se van a esperar tres meses para que salga un reporte nuevo sobre el PIB para saber si andamos bien o andamos mal?

Así pues, propongo un brindis a los inversionistas, accionistas y corredores que nos traen prosperidad día tras día. Celebremos comprando el periódico y viendo cuánto subió la bolsa el día de hoy. ¿100 puntos? ¿0.3%? No importa, cualquier alza es buena. Cualquier alza nos hace más ricos. Ya verán que los vochos corren más rápido, que la Torre Latino es un poco más alta, y que el smog se despeja para poder darle gracias a los dioses del olimpo por este gran triunfo del capitalismo. Gekko, eres un genio.

2 thoughts on “Bolsas de ilusiones

  1. Por fin le entiendo a eso de la bolsa de valores, la verdad yo no sabia porque tanto pedo, a ver si un dia te avientas un post sobre los CETES, eso si no se que chingaos es, nomas veo que Lolita Ayala pasa los CETES en sus noticiario.

    De hecho un dia le pregunte a mi hermano porque tenia dienero si ni trabajaba (seguro se andaba volando los cambios de los encargos que le pedia mi mama que hiciera) y aprovechandose de que no sabia me dijo que el invertia en CETES, obviamente no le crei ni madres, pero me dejo con la duda.

  2. Bueno, luego escribiré un post más detallado de cómo funciona la bolsa y los bonos, etc. etc.

    Los CETES son bonos del gobierno (CErtificados de TESorería). Efectivamente son un pagaré del gobierno a cierta tasa de interés que ciertamente es mayor a la que paga un banco en una cuenta.

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