La avaricia contraataca

El banquero villano más infame regresa en Wall Street: Money Never Sleeps

Guarden sus bolsillos, Gekko regresa

Cuenta Michael Lewis que después de la publicación de Liar’s Poker – tal vez la cuasi-autobiografía financiera más famosa de todos los tiempos – recibió un sin-número de cartas pidiendo consejos para cómo conseguir trabajo en Wall Street. Irónico, considerando que el propósito de ese libro era revelar la falta de ética y de escrúpulos en la industria bancaria. No me extrañaría que la película Wall Street de Oliver Stone haya tenido el mismo efecto, esto gracias a su inigualable villano Gordon Gekko. Aquel legendario discurso sobre la bondad de la avaricia le ameritó un Oscar a Michael Douglas, mientras que su “look” (cabello peinado hacia atrás, camisa azul con cuello blanco, pantalones con tirantes), definió la moda del poder y la riqueza en los años ochenta. Desafortundamente para Gekko, hasta los más poderosos caen y el rapaz financiero tuvo que ver desde una celda (seguramente bien acondicionada como suelen ser para los criminales de cuello blanco) dos décadas de oro para Wall Street.

Qué mejor momento para hacer su retorno triunfal que en 2008, en la víspera de la peor crisis financiera de nuestros tiempos y con la sabiduría y reflexión de unos cuantos años detrás de las rejas. Pero lejos de ser el mismo bucanero de antaño, el Gekko versión 2008 es un hombre nuevo, dispuesto a recuperar su dignidad perdida y el afecto de lo único que le queda en la vida: su hija Winnie, a punto de casarse con un joven y prometedor trader llamado Jake (Shia LaBeouf). No, Jake no es como los “big-swinging dicks” que describe Lewis en Liar’s Poker, aquellos trogloditas que se creían paridos por dios. Jake es de los buenos; es un trader con conciencia ambientalista (su anhelo es financiar un proyecto de tecnología de fisión que podría resolver todos los problemas de energía del mundo), fiel a su novia, y leal a su jefe Louis Zabel, dueño de KZI, un importante banco de inversiones que urgentemente necesita un rescate del gobierno debido a inversiones no muy prudentes en el mercado hipotecario.

El problema es que KZI está en la mira de Bretton James (Josh Brolin) y su banco Churchill Swartz. Si notan algo sospechoso en ese particular arreglo silábico pues sí, es Goldman Sachs con otro nombre. De hecho Oliver Stone hace pocos intentos por disfrazar las similitudes entre Churchill y Goldman: ambos se aprovechan de la crisis e intentan arruinar a sus rivales. Ambos cuentan con “amigos” en la Reserva Federal. Ambos engañan a una aseguradora para que luego sea rescatada por el Fed. Ok, el imponente Brolin no le da un parecido al verdadero CEO de Goldman, Lloyd Blankfein (ni tampoco me imagino a Blankfein en una moto, echando carreritas contra sus súbditos) pero fuera de eso queda claro quién considera Stone culpable de causar este Armagedón financiero. Esta representación no muy halagadora para el banco más poderoso y notorio del mundo también hace recordar aquel famoso artículo de la revista RollingStone donde se describe a Goldman Sachs como un “calamar vampiro con sus tentáculos envueltos alrededor del mundo” (y no, no es coincidencia: el artículo tiene una importante mención en el filme).

Jake, Bretton y Gekko: tres generaciones de 'big swinging dicks'

El problema es que la maldad de Wall Street en los últimos años trasciende la culpabilidad de un solo hombre o un solo banco (aunque nadie niega que Goldman – ehem, Churchill Schwarz – se lleva el premio entre los más despiadados). No se puede olvidar, por ejemplo, que Lehman Brother, que evidentemente sirve de inspiración para KZI, estaba liderado no por un banquero de los buenos como Zabel sino por otra piraña igual o peor que Bretton: Dick “The Gorilla” Fuld. Y que en vez de traders que intentan salvar al mundo como Jake, tuvimos a gente como “Fabulous Fab” Tourre de Goldman que agandalló a sus clientes con tal de apostar en contra del mercado y ganar una millonada. Al dramatizar los eventos del 2008 con héroes y villanos, Wall Street: MNS comete el pecado de minimizar la crisis económica a un choque de egos personales y no a la degeneración colectiva de miles de individuos y docenas de bancos.

Aún asi, no puedo negar que gocé de cada minuto de Wall Street: MNS. No llegará a ser el gran clásico que definió una era como fue su predecesor pero al menos nadie ha intentado hasta ahora llevar la crisis económica a la pantalla grande (sin contar el documental Capitalism de Michael Moore). Y es cierto, faltó aquel toque controversial de Stone, aquel que nos convenció que fueron siete disparos y no tres los que mataron a Kennedy. No importa. Cualesquiera que hayan sido los crímenes de Gekko, hubiera sido un crimen mayor que se perdiera el momento en que la avaricia verdaderamente conquistó al mundo.

Veredicto final:

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