Un año después…

Tercer Siglo cumple 365 días de vida

Válgame dios, Alá y Cthulhu: Tercer Siglo cumple un año de vida. Tal parece que llevo años escribiendo, lo cual es entendible considerando que si El Ministerio de la Verdad siguiera vivo, ya llevaría media década. Cómo vuela el tiempo, pero creo que queda mucho espacio para mejorar. Para empezar, podría escribir más a menudo, aunque he decidido sacrificar cantidad por calidad y evitar posts sobre cualquier banalidad, total, para eso está Facebook y Twitter. Segundo, podría tener más publicidad. Con todo y que tengo links en cada post para “Menéame”, “Bitácoras” y demás sitios bloggeros, nadie los aprovecha.

Asi que se aceptan brillantes ideas para incrementar mi audiencia. Palabras tan sabias y profundas que iluminan nuestras vidas efímeras no deben quedar en el olvido cyberespacial…

Una revolución que no termina

Cien años de soledad, buscando el alma de una nación perdida

Rebeldes con causa

Es dificil imaginar el México que existía hace más de 100 años. Es cierto que rompimos las cadenas que nos ataban a la corona española en 1810, pero nuestras primeras décadas de vida independiente fueron un periodo casi ininterrumpido de golpes de estado, invasiones extranjeras y guerras civiles. A tal grado que nuestra mera existencia siempre estuvo en duda hasta que conseguimos paz y tranquilidad bajo la mano de acero de don Porfirio. Pero si el México moderno nació aquel 20 de Noviembre de 1910 es porque por primera vez quisimos luchar no para determinar quién nos gobernaría, ni para resistir a un extraño enemigo, sino para concretar una idea de nación que pudiera resistir la prueba del tiempo. Una idea que si bien terminó siendo parcialmente pervertida por la generación revolucionaria que gobernó durante los siguientes 70 años, sigue definiendo el carácter del México de hoy.

La Revolución acapara muchos “últimos” en nuestra corta pero violenta historia. Fue el último gran conflicto armado en nuestro suelo, aunque ha habido brotes esporádicos de violencia desde entonces, tal como la Guerra Cristera y el levantamiento Zapatista. También ha sido la última ocasión en que fuerzas extranjeras han intervenido militarmente (nosotros, en cambio, tuvimos la minúscula pero glorificada participación en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial cortesía del Escuadrón 201). Estos dos hechos no son nada triviales: durante nuestros primeros cien años de vida, fuimos víctimas constantes de agresión foránea, casi en igual medida en que fuimos víctimas de nosotros mismos. Desde el asesinato de Venustiano Carranza en 1920, no hemos sufrido una sola transferencia violenta de poder, un hecho que ningún otro país latinoamericano (e incluso pocos europeos) puede presumir. Únicos entre innumerables dictaduras en la región, nuestros militares nunca salieron de sus cuarteles, salvo en caso extremos – como por ejemplo, ante la evidente”amenaza” de estudiantes comunistas en 1968 o campesinos revoltosos en 1994.

Por supuesto, esta “pax revolucionaria” tendría su precio: la renuncia de la democracia aunque se tendría que dar la finta mediante el ritual sexenal de las elecciones presidenciales si bien la decisión ya estaba hecha mediante el famoso “dedazo”. Es en ese aspecto que la revolución traicionó a su más importante ideal, el de “sufragio efectivo, no-reelección” que fue la casus belli de la revuelta original contra el Porfiriato. El sufragio nunca fue efectivo porque nunca hubo competencia y cuando la hubo (1988), se tuvo que recurrir a un fraude digno de una novela de Orwell. Y la no-reelección fue una farsa en vista de que si bien el mandato del presidente era finito, el del partido era para siempre. Era tal la adherencia al sistema que ningún presidente, incluso el más personalista, tuvo la osadía de retarlo, pues de hacerlo desmantelaría la compleja red de lealtades que durante décadas se construyeron justamente para tener a este caótico país con todos sus intereses conflictivos bajo control. Eso, más que la ilusoria democracia que practicó, es lo que hizo al PRI una verdadera “dictadura perfecta” y la receta mágica para su sucesión durante 70 años.

Un poco de idealismo nos caería bien

Es difícil pensar, pues, que el PRI hubiera podido sobrevivir más allá de unos cuantos sexenios sin su estructura corporativista. Pero si su supervivencia dependió de esta relación, es por mucho el legado más nocivo de la revolución. Sindicatos politizados y corruptos, empresas monopolísticas e ineficientes y un sector agrícola dominado por líderes cooperativistas mientras el resto del campo sigue sumido en la miseria. Lejos de morir cuando el PRI pasó a segundo plano en el 2000, florecieron ante la ineptitud del nuevo gobierno que no supo aprovechar el cheque en blanco que tuvo en sus manos esos primeros meses de euforia democrática y terminar con las viejas estructuras de poder que nos han condenado al subdesarrollo. Es por eso que el fracaso de Fox fue total y absoluto, al desperdiciar la oportunidad del siglo para poner orden en el vació del poder. Y ahora, ya ni quien los controle porque ya ni siquiera se sabe quién gobierna este país. ¿El presidente o el narco? ¿Carlos Slim o el SNTE?

Así pues, queda claro que después de tantos años, la labor queda inconclusa. La revolución fue un éxito, porque consolidó la transformación de un estado amorfo y débil, a una nación con identidad propia y sentido histórico. Pero seguimos sin saber cuál es nuestro papel en este mundo, temerosos como siempre por aspirar a la grandeza que inherentemente sentimos que merece cualquiera menos nosotros.

Piensen rápido. A diferencia de los trenes que acarrearon a las tropas hace un centenario, este tren ya no regresa.

Los límites de la tolerancia

¿Hasta cuando llegaremos al nuestro?

Dulce et decorum est pro patria mori

Cada 11 de Noviembre, Europa recuerda a los millones de hombres y mujeres, soldados y civiles, que perdieron su vida en la Primera Guerra Mundial. Aquella guerra, que comenzó con el rugido de los “cañones de Agosto” del 1914, duraría apenas unos meses, aseguraban los políticos y los generales: las tropas estarían de regreso para Navidad con sus armas cubiertas de gloria para la nación. Pero la realidad fue otra. Cuando la carnicería terminó el 11 de Noviembre de 1918, cuatro imperios fueron derrocados y más de quince millones de personas habrían muerto. La lista de bajas aún desafía la imaginación: 900 mil británicos, 1.4 millones de franceses y alrededor de dos millones de alemanes y rusos cayeron en las trincheras o en el lodo, algunos muriendo en agonía, otros (tal vez los afortunados) hechos pedazos en un cerrar de ojos por la artillería incesante.

La gran pregunta es cómo la ciudadanía permitió la masacre de una generación entera, una guerra que nunca fue más que un pleito de envidias y rencores entre monarcas incestuosos. La resistencia nunca llegó. Estos millones de soldados, armados, y con su propia vida en juego, siguieron las órdenes de sus ineptos generales, cómadmente instalados en mansiones y haciendas lejos del peligro, de la hambruna y de la guerra. Para muchos de ellos la vida humana no era más que un número, una estadística: ganar la guerra se redujo a la simple matemática de ver quién podría tolerar más muertos que el otro. Eso sí, no todos se quedaron con las manos cruzadas. Los franceses se levantaron en armas en la primavera de 1917, tras el fracaso colosal de una ofensiva que sus comandantes habían prometido que llevaría a la victoria final. Y los rusos de plano dieron la espalda al enemigo, prefiriendo tomar bandas en la guerra civil que surgiría ese mismo año. Incluso los temibles alemanes llegaron al límite de su aguante para finales de 1918. El caos de la revolución interna eventualmente forzó al Kaiser a renunciar al trono, y así firmar un armisticio.

Tolerar las exigencias impuestas por los gobiernos europeos en 1914-1918 es trágica, si bien no disminuye el heroísmo de aquellos que decidieron tomar las armas. Nunca en la historia una generación tan complaciente ha forzado a su juventud hacer un sacrificio tan enorme, tan desproporcional a los eventuales frutos de la victoria. Todo para que otra guerra, aún más salvaje y cruel, dejara el continente en ruinas veinte años después.

Francia, donde protestar es el deporte nacional

Noventa años después

La analogía con el presente sonará ridícula a primera instancia pero a mi juicio es apta. Hoy, una generación está siendo forzada a pagar los errores de la anterior y en muchas partes del mundo industrializado bien podría ser la primera generación en siglos que gozará de un estándar de vida inferior a la de sus padres. Y es que a nadie le ha pegado la crisis económica actual peor que a los jóvenes ya que en casi todos los países son lo que han sufrido más por el aumento en el desempleo. en España se habla de una “generación perdida”, donde la tasa de desempleo corre a casi 50% entre los recién graduados. En el Reino Unido se les llama “Neets”: “Not in education, employment or training”. En México los conocemos como “Ninis”: Ni estudian, ni trabajan. Las exigencias impuestas a esta generación no son triviales. Ya nadie aparte de los burócratas gozará de una pensión garantizada por el Estado. Ahora se la tendrán que ahorrar a pulso, cosa que es un poco difícil cuando no se tiene trabajo. En un país como Francia, tan celosamente protector de su envidiable estándar de vida, el aumento de la edad mínima de jubilación (de 60 a 62 años) causó una mini-revuelta que a ratos pareció recusitar los fantasmas de aquel Mayo del ’68. Hoy en Londres se vivieron escenas similares, tras el anuncio de que las colegiaturas universitarias aumentarían no al doble, sino al triple. “Ya no hay dinero” es la excusa que dan los políticos, particularmente los de derecha que siempre parecen consternados más por mantener la “disciplina fiscal” que el bienestar de su gente.

Pero eventualmente Sarkozy aplacó a sus revoltosos, y salvo el incidente aislado de hoy, los ingleses han mantenido su compostura, tragándose el orgullo y resignándose a lo inevitable. Tal vez ellos lo ven como la respuesta digna ante tal impotencia. Yo lo veo como una violación sin oponer resistencia. “Flojito y cooperando”, le dice David Cameron a su pueblo inglés mientras termina la labor que Thatcher empezó en los años ochenta. Esperen algo similar si los Republicanos en Estados Unidos llevan adelante su agenda económica, una agenda que un economista prominente (Nouriel Roubini) describió en un artículo para el Financial Times como “economía vudú, el equivalente económico del creacionismo” gracias al ridículo dogma ideológico de que la disciplina fiscal resuelve todos los problemas del mundo. Pero en fin, cuando se tiene el poder absoluto es fácil pasarle la cuenta al que todavía no ha comido del banquete. Que no digan que la democracia es un gobierno del pueblo y para el pueblo cuando los banqueros se quedan con sus mansiones mientras que a las clases medias y bajas se les impone enmendar los errores financieros de los pudientes.

¿Y qué de México?

Los mexicanos estamos acostumbrados a levantarnos en armas. Lo hicimos docenas de veces en el Siglo XIX desde que corrimos a los gachupines de nuestra tierra y lo hicimos con estilo en 1910. El 2 de Octubre tampoco se olvida. Tristemente, últimamente parece que hemos perdido la chispa, el coraje. También hemos perdido el sentido común, y el sentido social. Y es que la mayoría de nuestras expresiones de resistencia no solo son infructuosas sino innecesarias. Pendejas, diría. Y cuando realmente se necesitan, nadie hace nada. Hagamos memoria de estos célebres sucesos:

Ignorancia diría yo

  • En el 1988 el gobierno se robó una elección que bien podría haber resultado en la derrota del PRI, doce años antes de que eventualmente sucediera. Pero la izquierda se quedó con los brazos cruzados, aún con más credibilidad y más evidencia que durante la reciente y controversial elección del 2006. ¿Cuál fue el resultado de esta oportunidad perdida? El siguiente presidente, Salinas, se encargó de arruinar nuestra economía seis años después.
  • Imposible olvidar la gran huelga de la UNAM de 1999-2000. Penoso que la primera casa de estudios del país haya quedado paralizada por un grupo de rufianes que se hacía llamar el Consejo General de Huelga. Rufianes como el famoso “Mosh”, que llevaba tantos años “estudiando” que era para ya tener al menos tres doctorados. Al final, solo una intervención federal acabo con la revuelta que le costó casi un año de estudio a miles de jóvenes prometedores y dejo en evidencia el estado tan delicado de nuestras universidades públicas “autónomas”.
  • En el 2002, un grupo de campesinos de Atenco en el Estado de México se levantó en armas para evitar que sus predios fueran utilizados para un nuevo aeropuerto internacional. Sin beneficio alguno para la nación, nos quedamos sin un aeropuerto lejos de la urbe que hubiera contribuido a descontaminar la ciudad y resolver los problemas de sobreuso que actualmente sufre el AICM.
  • En el 2004, un grupo de señoritas “bien” organizaron una marcha ciudadana en el DF para protestar contra la inseguridad. El detonante de esta marcha fue un par de secuestros express en su mall favorito, Perisur. Como era de esperarse, el gobierno de Fox no cumplió una sola de sus promesas que dió en respuesta a la marcha pero el gran perdedor fue AMLO cuya paranoia política no lo dejo ver la razón de fondo de la protesta: las señoritas solo querían ir de “shopping” otra vez.
  • La bella Oaxaca fue sede de un largo enfrentamiento entre los maestros y el gobierno estatal durante 2006 en el ocaso de la administración de Fox. En esta batalla ahora si que no había ni a quien irle. Los maestros se la pasaban más de grilla que dando clases, pero cuando lograron echar al gobernador Ulises Ruiz, ¿cómo respondio el gobierno federal? Mandando al ejercito para reinstaurar a uno de los gobernadores más corruptos y más ineptos de todo el país.
  • Hablando de gobernadores corruptos, ¿qué tal el Gober Precioso? Y qué tal que los poblanos no hicerion nada para echar al enano pedófilo. Recuerdo más marchas a su favor que en contra, una de ellas incluso contando con un contingente de estudiantes de leyes de mi alma mater, la UDLA – para que luego no digan que los “abogangsters” no salen a defender a su propia escoria rastrera.

Podría seguir mencionando a desnudos en reforma, bloqueos en carreteras, huelgas y berrinches post-electorales. Pero seguimos tragándonos las injusticias y seguimos aceptando la impotencia como si fuera nuestro estado natural, nuestro pecado original por haber nacido mexicanos. Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que merece, y hay algo de cierto en ello. Pero en algún momento hay que poner el freno y decir que ya basta. Que no merecemos vivir en un país que tiene ciudades más peligrosas que Bagdad. Que tengamos que emigrar para encontrar trabajo digno. Que seamos forzados a ver como un gran futuro para nuestras nuevas generaciones se desvanece cada vez más y más en la distancia.

Top Ten – Cuentos de H.P. Lovecraft

Nunca se puede tener demasiado terror tentaculoso

Este post me volvió loco

Hay pocos reconocimientos más honrosos para un escritor que convertirse en un adjetivo. Y el en género de terror, pocos adjetivos logran conjurar una imagen más definitiva, más identificable que “Lovecraftian”. Ya sea por la grandiosidad de su mitología cósmica, los misterios prohibidos que llevan a sus personajes a la locura o su peculiar prosa que describe paisajes tan terroríficos como bellos, la esencia de la obra Lovecraftiana es identificable desde la primera página, cautivando para siempre a todo aquel que caiga inmerso en su mundo y sus mitos. Que mejor día para celebrar al mejor autor de terror fantástico que hoy, Día de Muertos, y con una lista de sus mejores cuentos o novelas cortas. Si no han leído a H.P. Lovecraft, ¿qué esperan? Total, no querrán ser los primeros devorados por el Gran Cthulhu cuando despierte…

10 – The Dunwich Horror

Corta pero impactante, es uno de esos cuentos que ningún fan de HPL puede tener una excusa de no haber leído. Fuera de Cthulhu, el ente conocido como Yog-Sothoth es el más conocido del repertorio de dioses que invocaba en sus mitos.

9 – The Shadow over Innsmouth

Es otro de los cuentos básicos de los mitos de Cthulhu, y tal vez el cuento de HPL más adaptado de todos: hay dos películas basadas en esta historia (Dagon de Stuart Gordon por mucho la mejor), y hasta un video-juego (Dark Corners of the Earth)

8 – The Colour Out Of Space

El terror de HPL no se limitó a lo sobrenatural: fue uno de los primeros en combinar el terror con la ciencia ficción. Tal vez el mejor ejemplo fue esta historia que cuenta los extraños sucesos que presencia una granja en medio de la nada tras la caida de un meteorito.

7 – Out of the Aeons

Escrito para Hazel Heald, este cuento es inconfundiblemente Lovecrafiano y tiene uno de los finales más horripilantes de todo su repertorio. Es una lástima que durante su vida no recibió crédito por una joya del género de terror como esta.

6 – The Rats in the Walls

Otro de sus cuentos de terror “puros”, dejando los elementos fantásticos al lado. No hay otra manera de describir este cuento que macabro, con un final singularmente torcido incluso para los estándares que nos ha dejado acostumbrado.

Próximamente en tu cine favorito

5 – The Dream-Quest of Unknown Kadath

El mito de Cthulhu es sin duda lo que ha popularizado a HPL, pero su Ciclo de Sueño merece reconocimiento también gracias a su perfecta fusión de la fantasía y el terror. Es también el cuento definitivo que protagoniza Randolph Carter, el alter ego de HPL.

4 – The Call of Cthulhu

Es sin duda, el cuento más famoso de HPL; el que le da nombre al mito que une a sus terribles dioses cósmicos. Además, el párrafo inicial de este cuento resume, mejor que ningún otro, la filosofía nihilista de este perturbado escritor.

3 – The Mound

The Mound no es precisamente entre lo más conocido de HPL ya que fue escrito para Zealia Bishop. Pero tiene todos los toques de una épica Lovecraftiana, que en grandiosidad no tiene nada que envidiarle a cualquiera de sus otros cuentos.

2 – At The Mountains of Madness

Esta aventura antártica cuenta la historia definitiva de los mitos de Cthulhu además de que ser tal vez el mejor ejemplo de las habilidades descriptivas de HPL al pintar el desolado continente austral de una manera tan ominosa, tan siniestra.

1 – The Case of Charles Dexter Ward

El cuento más largo de HPL no tendrá los elementos de fantasía que caracterizan sus otras obras, pero lo compensa con un ambiente tenso y maligno de principio a fin y una historia dentro de la historia que pone en evidencia la pasión de HPL por la era colonial.

Hay tantos cuentos excelentes que es un insulto haber dejado a muchos de ellos fuera de esta lista. The Whisperer in Darkness es otro favorito, como también algunas de sus historias realmente cortas como Dagon, Celephaïs y The Crawling Chaos. Pero si quieren descubrir la obra Lovecraftiana por su propia cuenta, pueden leerla toda aquí. Lástima que el Necronómicon siga fuera de nuestro alcance…