El voto útil: los panistas nos deben una

El 2 de Julio del año 2000, al igual que muchos otros mexicanos de izquierda, yo voté por Vicente Fox. La razón principal era obvia: un voto útil para prevenir que el PRI se mantuviera en el poder por otros seis años. Bien pude haber votado por Cuauhtémoc Cárdenas por estar más en armonía con mi ideología, o por Rincón Gallardo por ser sin duda el candidato más inteligente y respetable del montón pero no, mi voto se fue para Chente porque pintaba como el más probable para destronar al PRI. Con todo y que Fox terminó siendo un pésimo presidente y un traidor al aliarse recientemente con las mismas tepocatas y víboras prietas que echó del gobierno, no me arrepiento del voto. Creo que el peor sentimiento humano no es el fracaso sino el arrepentimiento y la idea de perder la oportunidad de correr al PRI de Los Pinos hacía más que necesario tomar el riesgo de votar por un cambio.

La izquierda ya hizo su deber patriota en el 2000.

Cabe mencionar que el PAN y yo no podríamos estar en menor sintonía ideológica. Soy economista de profesión pero deploro el libre-mercadismo irresponsable al que le tiene tanta fe la derecha (no obstante de sus casi nulos resultados en las últimas tres décadas). Como agnóstico, tengo una aversión innata a la religiosidad del partido y las políticas sociales retrógradas – por no decir cuasi-medievales – de algunos de sus líderes más mochos como Carlos Abascal y Emilio González. Repruebo la timidez y la mediocridad de la tecnocracia panista que actualmente domina la burocracia federal, una tecnocracia que combina los aires de grandeza que les da sus posgrados del Ivy League con una colosal incompetencia práctica. Y finalmente, también detesto la frecuente soberbia del panista raso, aquel que tacha a cualquier que no se ajusta a su visión del mundo como comunista, socialista, hippie, naco o admirador de Hugo Chávez entre otros descalificativos (aunque tristemente hay muchos dentro de la izquierda que cometen la misma falacia lógica frente a los que no apoyan ciegamente a AMLO).

Pero repito, no me arrepiento de haberle dado mi voto al PAN en el 2000. No obstante, en vista de que tantos izquierdistas hicimos nuestro deber patriota al regalarle mi voto al blanquiazul, siento que ahora le toca a la derecha: si nosotros estuvimos dispuestos a cruzar el muro ideológico que nos separa con el PAN, no veo porque los panistas estén exentos de hacer el mismo sacrificio electoral.

En pocas palabras, panistas, ustedes nos deben una. Y que mejor momento de cobrárselas que este 1ero de Julio. Así que tráguense su orgullo y voten por AMLO: la única opción a estas alturas para prevenir que el PRI regrese a Los Pinos.

¡Blasfemia dirá un panista aguerrido! Pero esas mismas blasfemias ideológicas fueron las que izquierdistas como yo cometimos al votar por Fox. ¿Nosotros votar por un tipo que alguna vez protestó públicamente con estandarte de la Virgen de Guadalupe? ¿Nosotros votar por alguien que daba indicios de sumisión ante intereses estadounidenses? ¿Nosotros votar por alguien que prometía mantener el status quo neoliberal? No veo por qué lo que fue posible para nosotros en un momento crítico de la historia mexicana sea imposible para ustedes hoy. Aún así, no estoy aquí para coaccionarlos a votar por AMLO solo porque alguna vez le dimos nuestro voto a su partido (aunque no niego que me daría suma satisfacción saber que ya estamos a mano). Creo que hay validas razones por las que no deberían de temerle al Peje:

1) No es una amenaza para nadie (más que a él mismo). Sí, es un berrinchudo cuando pierde y sus acciones post-electorales del 2006 le hicieron mucho daño a su credibilidad política. ¿Pero aparte de causar caos vial en el DF, a quién lastimaron? Más daño le hace a este país la continua sumisión del PRI y del PAN a intereses sindicales y corporativos, más dinero se ha despilfarrado vía el endeudamiento colosal de los estados priístas, más abuso a la sensibilidad humana causan las violaciones a los derechos humanos en el Atenco de Peña Nieto, el Oaxaca de Ulises Ruiz y el Puebla de Mario Marín. Preocuparse de que alguien haga un llamado a una resistencia civil pacífica a mi juicio no es comparable a estos actos de autoritarismo que han representado un quebrantamiento en nuestro ya de por si endeble estado de derecho.

2) Sabemos quienes estarán gobernando con él. A diferencia de Peña Nieto y Josefina, AMLO ya tiene bien definido su gabinete, y hasta el más arduo anti-izquierdista no puede negar que son personajes de trayectoria sólida en el mundo académico, cultural y empresarial además de traer impecables credenciales en cuanto a su integridad. Reto a que cualquiera de ellos se les tache de “rata”. Me gustaría saber qué obscuros personajes de la actual generación de priísitas pondría Peña Nieto en su gabinete. O cuántos tecnócratas incompetentes del calibre de Ernesto Cordero o Mony de Swaan pondrá Josefina para afrontar nuestros retos económicos y hacerle frente a nuestros grandes monopolios y sindicatos. Vaya, puede ser que tanto el PRI y el PAN nos sorprendan con un gabinete all-star, pero el hecho de que solo uno de los candidatos ha definido a su gobierno dice mucho sobre qué esperar si llegara a tomar las riendas.

3) Una victoria del PRD garantizaría una alternancia verdadera. Al hacer creíble la amenaza que un mal gobierno se le castiga en las urnas, se incentiva a que el siguiente gobierno haga cada vez una mejor labor. ¿Acaso esa no es el argumento principal sobre la superioridad de la democracia electoral sobre otros tipos de gobierno? Habrá que ser un panista lavado por completo del cerebro para no admitir que las últimas dos administraciones han dejado mucho que desear, y pensar que merecen un tercer sexenio seguido es premiar a la mediocridad. Sí, siempre es un reisgo votar por el cambio, pero si siguiéramos la pie de la letra aquel dicho nocivo de que “mas vale malo conocido que bueno por conocer”, tampoco hubiera ganado Fox en el 2000. Así que darle la oportunidad a la izquierda para gobernar el país durante el siguiente sexenio es el mejor ejercicio democrático que como nación podemos hacer.

En fin, el voto es libre y secreto, y el 1ero de Julio cada mexicano podrá y deberá ejercer su derecho de definir el futuro de la nación. Pero viendo las encuestas más recientes, queda claro que un voto por el PAN es un voto perdido; y peor aún, un voto indirectamente a favor de retomar un camino que ya recorrimos. Así que razonen bien sus votos, mis queridos panistas, y en caso de que les quede la más remota duda este domingo solo les recuerdo: ustedes nos deben una.

Éste domingo espero que finalmente podamos estar a mano

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>