#YoSoy132: Ocupando el futuro

Con todo y la legión de universitarios que han tomado las calles en su contra, nuestras grandes televisoras deberían de estar orgullosas del efecto que la cultura telenovelera ha tenido sobre la psique nacional. Así como logran convertir la trama más estéril en una epopeya que mantiene a millones pegados al sofá durante la hora estelar, ni las leyes electorales tan rígidas que nos hemos auto-impuesto han podido privar a la contienda de sorpresas. ¿Acaso se hubieran imaginado el surgimiento del movimiento estudiantil más grande en nuestro país desde aquel 1968? Tal vez sí, considerando lo buenos que somos los mexicanos para copiar modas foráneas. Ya sea contra gobiernos autoritarios árabes, banqueros de Wall Street, o los apóstoles de la austeridad en Europa, no hay moda global más visible en la actualidad que la protesta.

Una generación harta de más de lo mismo

Lo que nadie hubiera atinado es de dónde surgiría. Si bien es rotundamente falso pensar que todo estudiante de universidad privada es “fresa”, lo que sí es cierto es que la gran mayoría están arriba de la media en el ranking socio-económico. Ayuda que la media es trágicamente baja: según datos de la OCDE, solo 20% de todos los mexicanos en edad de hacerlo están en la universidad y eso incluye a las públicas. La mayoría de los egresados de las privadas encontrarán algún trabajo relativamente decente al graduarse, o tendrán la facilidad de salir del país por lo que su futuro es menos precario que los indignados en Madrid o Atenas. Si la queja es que Enrique Peña Nieto representa un regreso al reparto de privilegios que hizo posible la “dictadura perfecta”, están en mejor posición de beneficiarse que el otro 80%.

Así pues, a primera vista parece incongruente que protesten y que lo hagan hasta ahora. Pero recordemos que antes no había Twitter, un medio que resuelve el problema de acción colectiva para un movimiento descentralizado y espontáneo (lo que también hace imposible sobornar/amenazar a los líderes porque nadie tiene control completo). ¿Pero por qué contra el PRI? En el 2006, las televisoras apoyaron descaradamente al PAN pero los estudiantes no se quejaron. Hace unos meses, Josefina hizo un chiste de mal gusto en contra de la Ibero pero no se le levantaron en armas. No, algo más explica este repudio sin precedentes hacia el PRI y a mi parecer es que con todo y toda la retórica de ser un partido “nuevo” y modernizado, el tricolor no ha logrado quitarse el peso del pasado. Y a nadie le pesa más el pasado que a la generación que representa al futuro.

Visto desde las pupilas de un recién graduado, el México de hoy no difiere mucho al del 2000, al de 1988, o incluso al de 1968. Es un país donde el pasado sigue siendo el eterno presente, y donde la realidad pinta todo lo opuesto a lo que se enseña en las aulas. Soy economista y con todo y haber estudiado durante la época dorada neoliberal, no recuerdo haberme topado con un libro de texto donde se justificara le existencia de oligopolios. Tampoco recuerdo que mis colegas en negocios hubieran tomado clases de cómo sobornar a los gobiernos estatales para obtener contratos o como negociar con los sindicatos para poder trabajar en paz. Estoy casi seguro que mis amigos científicos y matemáticos no llevaron ningún taller de cómo conseguir visas al extranjero porque no encontrarían trabajo aquí.

Que México está secuestrado por su pasado es algo que los universitarios los saben mejor que nadie. Ahí se encuentra el futuro empresariado de México, un empresariado con el anhelo de ser el siguiente Steve Jobs o Mark Zuckerberg, en vez de Slim o Azcárraga. Nuestra aspirante tecnocracia quiere trabajar para un sector público eficiente y moderno, no para las mafias de Pemex o el SNTE. Ahí también están los futuros arquitectos, artistas, científicos e ingenieros que quieren trabajar en un país donde el único impedimento para su éxito sean los límites de su propio esfuerzo y creatividad. Donde no tengan que luchar contracorriente en un país diseñado con precisión casi germánica para sofocar el mérito.

Hubo un tiempo cuando el PRI trajo estabilidad y modernidad al país. Pero sería ingenuo pensar que un universitario de hoy le dará las gracias con su voto cuando hoy lo que enfrenta es el costo de décadas de autoritarismo, clientelismo y corrupción, mientras que los beneficios los toma como un hecho y un derecho. Así debe de ser, de otra manera no habría progreso sino conformismo. En fin, con todo y el peso de setenta años que lleva encima, el liderazgo del PRI se podrá confiar en que el voto joven no es suficiente para hundir el barco. Tal vez tengan razón. Pero uno nunca sabe, de vez en cuando hasta en las telenovelas más choteadas hay finales sorpresa.

¿Están de acuerdo o están de acuerdo?

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