Mi voto: Andrés Manuel López Obrador

Está de moda hacer pública nuestra intención de voto. Así que aquí voy yo:

A diferencia de elecciones pasadas, no fue muy difícil decidir quién merecería mi voto esta vez: Andrés Manuel López Obrador. Aunque muchos de ustedes conocen (o deducen) mis inclinaciones ideológicas, tal vez les sorprenderá saber que esta es la primera vez que voto por Andrés Manuel, o por el PRD en general. En el 2000 – las primeras elecciones en las que pude votar – di mi “voto útil” por Vicente Fox por la misma razón que muchos izquierdistas lo hicieron: con todo y sus defectos y con todo y la brecha ideológica que nos separa con el PAN, era preferible a que el PRI se mantuviera en el poder otro sexenio más. Con todo y que la administración de Fox fue un fracaso colosal, no me arrepiento de ese voto aunque tampoco me enorgullece mucho saber que voté por uno de los presidentes más ineptos de nuestra historia.

¿En serio quieren más de lo mismo?

En el 2006 mi voto fue para Patricia Mercado, quien estaba más alineada con el estilo de izquierda progresista con la cual me identifico, y con la que AMLO me dejaba un tanto incómodo. Si bien nunca me creí la estúpida retórica de que era “una amenaza para México” (nada durante su gestión como Jefe de Gobierno del DF me hizo pensar eso), tampoco he estado 100% por ciento convencido de sus políticas económicas. No obstante, es el único candidato que ha puesto la lucha contra la corrupción y los poderes fácticos como principal punto en su agenda. Yo siempre he pensado que la mala política – no la mala economía – es lo que ha dejado estancado a México, y el candidato que se preste para en romper este ciclo de corrupción y clientelismo que tiene a nuestro país sumido en la mediocridad siempre tendrá mi voto.

En el 2012, ese candidato fue sin duda Andrés Manuel. A sus contrincantes, que tanto hablan de combatir monopolios y sindicatos, simplemente no les creo porque no han hecho nada para hacerme pensar que sus intenciones son genuinas. Al PAN se le hizo más cómodo intentar gobernar junto a esos intereses, en vez de combatirlos. Y el PRI, simplemente no sabe gobernar sin estar atados a ellos porque es el mismo partido que los creó. Votar por el PAN y por el PRI, entonces, sería traicionar el mismo ejercicio democrático de votar si implica seguir promoviendo el sistema político cuasi-feudal que tenemos.

En fin, podría seguir argumentando por qué votar por AMLO, pero se me hace más ilustrativo atender las razones por las que se me hace estúpido NO votar por él:

Se me hace hipocresía que aquellos que sienten que la democracia mexicana es lo suficiente madura para hacer imposible un PRI autoritario, a la vez sientan terror de que AMLO llegue al poder. ¿Por qué le tienen tanta confianza a las instituciones frente a una administración priísta con su record de 70 años de autoritarismo y miles de muertos (Tlatelolco, guerra sucia, perredistas muertos durante Salinas, Atenco, etc.), pero a la vez tanta paranoia a un partido cuyo peor pecado ha sido un berrinche post-electoral?

Se me hace hipocresía que los mismos panistas que en el 2000 pidieron el voto útil de la izquierda para echar al PRI de Los Pinos, sientan tanta renuencia para hacer lo mismo para asegurar que el PRI no regrese al poder. Porque bajo su lógica, el “nuevo” PRI debe ser una menor amenaza para el país que PRI del 2000. Ante ese argumento solo me queda decir: Villanueva, Marín, Ruiz, Montiel, Moreira y Yarrington. ¿Acaso no les repugna esta manera de hacer política? ¿Si les repugnó en el 2000, porqué ahora no tanto? Deduzco por esto que si no les molesta un retorno del PRI, entonces son parte de esos mismos intereses fácticos a los cuales el PRI-PAN se alían tan cómodamente.

Se me hace deplorable que aquellos que insistan en que “se respete el voto” aunque exista evidencia irrefutable de una campaña sistemática de desinformación perpetrada por las televisoras (ilegal por cierto, ya que fue financiada por el mismo PRI) y por los innumerables casos de compra de votos que se han documentado, perpetradas principalmente por el PRI. Si el IFE no ha podido prevenir estas actividades, ¿por qué le tienen tanta fe ciega? Y si hay irregularidades, ¿por qué insisten en que nadie haga nada al respecto? ¿Acaso esa no es señal de una sociedad civil madura?

Se me hace triste que aquellos que votaron por el cambio en las elecciones del 2000, ahora estén indirectamente votando por un retroceso. ¿Acaso la democracia no es la alternancia? ¿Acaso el beneficio principal de la democracia es el incentivo de que si haces un mal papel, se te castiga en las urnas? ¿Creen que el PRI ha hecho lo suficiente para que en el 2018 les hayamos regalado 76 de los últimos 88 años? Porque eso les estarán dando los que voten por el PAN hoy.

Por estas razones, mi lógica de voto se vuelve simple: no quiero que el PRI regrese al poder y Andrés Manuel López Obrador – con todos y sus defectos – es la opción más segura para que esto no suceda. No me convence del todo su agenda pero no creo que represente una amenaza para la economía. No me convence su actitud hacia la política y el poder pero su honestidad es incuestionable como también la de su gabinete: un verdadero “all star team” de personajes cuya integridad y experiencia dudosamente podrá ser igualada por el PRI o el PAN. ¿Acaso los centro-izquierdistas no les convence saber que Marcelo Ebrard será secretario de gobernación? ¿Acaso no les consuela saber que en ese gabinete habrá empresarios como Fernando Turner, o intelectuales como Elena Poniatowska? No me digan que prefieren ver a Ernesto Cordero o Carlos Abascal otra vez en el gobierno. Cualquier “centro-izquierdista” que haya votado por el PAN les debería de dar pena saber que implícitamente apoyan a gente de este calibre (y me hacen seriamente dudar si son de izquierda o si solo lo dicen para aparentar tener consciencia social).

En fin, no nos quedará más que esperar los resultados y ver qué futuro estaremos construyendo para México. Ojalá este domingo, los mexicanos despertemos del estado de coma en que nos encontramos y votemos por un cambio verdadero en vez de aguantar 6 años más de mediocridad (o peor). Si no, luego no se pregunten porque nunca tenemos el gobierno y el país que merecemos.

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