Nuestra vergüenza olímpica

Ojalá hubiera tanto que celebrar

Es imposible ver objetivamente la labor de México en las olimpiadas de Londres 2012 después de aquella gloriosa victoria en el fútbol masculino. Siendo por mucho, el deporte que más pasiones levanta en nuestro país, haber conseguido el oro no solo es un hecho histórico, sino un mérito incuestionable para los 18 jóvenes (y aquellos no tan jóvenes) que formaron la selección olímpica. Triste que haya sido contra Brasil, campeón en todo pero que aún no goza de un oro olímpico y que vio este torneo como preparativo para lo que les espera en el mundial del 2014. Lo digo porque los brasileños siempre han tenido gracia y tacto en sus victorias contra nosotros (a diferencia, digamos, de los argentinos) y es un digno equipo para cualquier partido, ya ni decir cualquier final.

Por lo tanto que para ahora la euforia de habernos coronados campeones olímpicos en fútbol haya pasado porque es hora de la resaca: nuestra actuación en las olimpiadas fue, como ha sido en todas las anteriores, un rotundo fracaso. Es que medido por cualquier estándar que queremos medir, México debería dar para mucho, mucho más. Ojo que esto de nada denigra el éxito de aquellos y aquellas que han ganado medallas. El hecho que lo hayan hecho con tan mala infraestructura deportiva, y tan mediocre administración burocrática hace que sus preseas, sean de oro plata o bronce, parezcan aún más valiosas. Pero hay que ser honestos: somos un país de 112 millones de habitantes, y la 14a economía más grande del mundo. Sin embargo nos encontramos en la patética posición 39 del medallero, empatados con Georgia, un país de tan solo 4.5 millones y una economía solo 8% del tamaño de la nuestra (y que mandó solo 24 atletas a las olimpiadas comparado a 102 que mandamos nosotros). Continue reading